Ubicado a 245 kilómetros de Torreón y 280 kilómetros de Monterrey, Cuatro Ciénegas es uno de los Pueblos Mágicos del estado de Coahuila. Pero este distintivo tiene más que ver con cuestiones naturales que con una colección de fachadas coloridas y empedrados inmunes al paso del tiempo.
A primera vista, Cuatro Ciénegas revela postales muy en línea con el resto de los desiertos del norte de México. De cerca, sin embargo, el destino resulta excepcional. Contra la norma, este es un desierto en el que abunda el agua. Específicamente, un sistema acuífero acostumbrado a las rarezas.
Desde su nombre, que lo mismo aparece junto que separado, Cuatrociénegas es un misterio. Un sitio donde pozas de agua con pinta de cenotes conviven con pastizales amarillos propios de un secarral. Un lugar donde tortugas capaces de cerrar sus caparazones como armaduras comparten protagonismo con minas de mármol convertidas en foros multimedia.
En las siguientes páginas te compartimos una probadita de Cuatro Ciénegas, un destino que se entiende muy bien con la adrenalina, los endemismos y el asombro. Ya sea con arnés y mosquetones al amanecer, a bordo de un kayak a mediodía o entre dunas de yeso al atardecer, este destino, naturalmente, fascina.
Cuatro Ciénegas, Coahuila, es un fragmento de desierto donde abundan el agua, los paisajes de sueño y una biodiversidad reservada para quienes aman la contemplación. Crédito: Cortesía Marck Guttman, Don Viajes.
Aquí existen más de 200 pozas, pero ninguna es tan famosa como Poza Azul. Estandarte de Cuatro Ciénegas, esta alberca natural sirve como muestra del ecosistema único del valle. La poza, en la que está prohibido nadar, alberga estromatolitos y diferentes especies endémicas de peces. A su belleza natural se suma un pequeño museo dedicado a la biodiversidad y la conservación.
Las dunas de yeso son un parque natural perfecto para encontrar plantas endémicas, ver puestas de sol y recorrer caminos que parecen de otro planeta sin salir de este. Crédito: Shutterstock.
Aproximadamente 20 kilómetros al sur del pueblo de Cuatro Ciénegas, sobre la carretera federal 30, el desierto esconde uno de sus mayores secretos. Se trata de las dunas de yeso, un paisaje de formas caprichosas y suelos blancos formados por yeso litificado. Este parque natural es ideal para encontrar plantas endémicas, ver puestas de sol y recorrer caminos que parecen de otro planeta sin salir de este.
Conocer las pozas prehistóricas de Cuatro Ciénegas, que albergan estromatolitos (fósiles vivientes) y especies endémicas de peces, es como viajar en el tiempo. Crédito: Shutterstock.
No muy lejos del pueblo, el río San Marcos invita a los visitantes a interactuar con el entorno. Si bien la mayoría de los atractivos acuáticos de Cuatro Ciénegas se disfrutan desde la contemplación, este parque es uno de los contados espacios donde el acceso al agua está permitido. Además de ofrecer sitios para acampar y actividades nocturnas para ver estrellas, el parque cuenta con renta de kayaks y sitios designados para nadar.
Este desierto es famoso por la presencia de agua, pero no todo gira en torno a ella. Bueno, como fuente de vida sí, pero no en plan adrenalina. En La Madera, la sierra que custodia al pueblo, un cañón tapizado de cactáceas es el escenario ideal para practicar senderismo, observación de aves y rappel. A menudo, en el mismo recorrido. A cambio de madrugar, este rincón desértico presume otra cara de Cuatro Ciénegas.
Como ya habrás notado, el mayor atractivo de Cuatro Ciénegas no está en el desarrollo urbano, sin embargo, este destino tiene lo suyo. Además de innumerables referencias a Venustiano Carranza, el oriundo ilustre más famoso del lugar, este Pueblo Mágico es famoso por sus viñedos y sus helados de sabores como pitaya. En años recientes, nuevos hoteles como Hacienda 1800 han apostado por un modelo de turismo que prioriza la conservación.
En las dunas de yeso de Cuatro Ciénegas, el desierto se vuelve blanco. Un paisaje silencioso y brillante que parece salido de otro planeta, donde el viento esculpe formas que cambian con la luz del día.
Crédito: Shutterstock.
Llegar a este valle es sencillo. Acceder a los espacios naturales, sin embargo, tiene su chiste. Aunque muchos de los atractivos de Cuatro Ciénegas forman parte de un área natural protegida, son terrenos privados. Suena raro, quizás, pero estamos hablando de un desierto lleno de agua… ¡Todo es posible!
Para ir a la segura, lo mejor es reservar recorridos con una compañía local. O, como alternativa, directamente en el hotel. Algunas actividades, como la ruta de cañonismo, requieren servicio de guía. Como suele suceder en los desiertos, los días pueden ser muy calientes y las noches, frías. No está de más empacar un poco de todo. Por supuesto, traje de baño incluido.