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Zona arqueológica de Paquimé

Destino del mes

Naturaleza y desconexión

en Chihuahua

Para los que buscan un plan seguro y que les permita reconectarse con la naturaleza, Chihuahua ofrece paisajes, cultura y muchísimo espacio para disfrutar con los amigos o familia.

Por su gran extensión desde Barrancas del Cobre hasta el extenso desierto, Chihuahua ha padecido en menor grado la crisis de salud mundial. Los espacios abiertos y la baja densidad poblacional en esas regiones permiten ofrecer al viajero actividades recreativas y de integración familiar, ya sea rodeados de dunas en Samalayuca o en la quietud de la Sierra Tarahumara, con absoluta seguridad sanitaria.

 

Con la población urbana concentrada en siete ciudades —Ciudad Juárez, Chihuahua, Hidalgo del Parral, Jiménez, Delicias, Camargo y Cuauhtémoc—, el estado tiene una densidad poblacional de apenas 14.4 personas por kilómetro cuadrado. Así que prepara un viaje con tu familia o amigos a los Pueblos Mágicos de Batopilas, Casas Grandes o Creel. Los operadores turísticos locales están certificados en medidas de seguridad para que te desconectes de los temas actuales y te sumerjas en los paisajes de belleza incomparable que ofrece este destino.

 

 

 

En el noroeste del estado, a sólo dos horas de Ciudad Juárez, encontrarás Casas Grandes, primer Pueblo Mágico, y su tesoro arqueológico, la ciudad de Paquimé, reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Pocos sitios en México pueden presumir ambos reconocimientos; el pueblo de Casas Grandes está asentado dentro de los linderos de la antigua ciudad de Paquimé, con rastros de población desde fines del año 400 de nuestra era. La ciudad fue un centro poblacional que floreció por 500 años y fue abandonada alrededor del año 1450. Para cuando llegaron las primeras expediciones de conquistadores, la ciudad ya tenía más de un siglo deshabitada. 

En la zona arqueológica, el viajero puede admirar un extraordinario edificio semisubterráneo que alberga el Museo de las Culturas del Norte. Es indispensable visitarlo para comprender mejor a los antiguos habitantes del lugar, quienes se caracterizaron por ser extraordinarios alfareros. Además, mantenían un centro de importantes intercambios comerciales con otros pueblos.

Barrancas del Cobre

es el punto perfecto para comenzar a explorar las entrañas de la sierra.

Hay un circuito de siete tirolesas que recorren 4.5 kilómetros, además de la segunda más larga del mundo, con un solo salto de 2,538 metros de longitud y más de 400 metros de altura.

El Chepe,

único tren de pasajeros en México.

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Batopilas es un paraíso para los observadores de aves, pero también para los escritores, pintores, científicos y aventureros. Pleno de historias y anécdotas, al platicar con los lugareños, uno siente como si el tiempo retrocediera al menos un siglo.

Batopilas, pueblo mágico

Así se llama también la barranca de avasalladora belleza que por ahí de 1707 comenzó a poblarse por el descubrimiento de ricas vetas de plata. Con una altura de 550 metros, se ha convertido en el sitio ideal para pasar el severo invierno de las barrancas. Es un paraíso para los observadores de aves, pero también para los escritores, pintores, científicos y aventureros. Pleno de historias y anécdotas, al platicar con los lugareños, uno siente como si el tiempo retrocediera al menos un siglo.

Para llegar hasta este Pueblo Mágico, ubicado el fondo de la barranca del mismo nombre, hay que tomar, desde Creel, la carretera que va hacia Guachochi, cortar en el entronque de Samachique e iniciar el espectacular descenso a partir de Quírare. Ahí las palabras pierden su significado: en el mirador de La Bufa queda todo el mundo mudo de la emoción. En aproximadamente 15 kilómetros se descienden más de 1,500 metros.

La vida en este sitio es plácida, en cámara lenta, las prisas no existen para esta gente que, para salir de su comunidad, hacia Creel o hacia Guachochi, tiene que hacer una travesía de al menos tres horas. De hecho, hace apenas un siglo, les tomaba dos semanas llevar la plata que se extraía de sus minas, en lomo de bestia, hacia Carichí, por un estrecho camino de herradura. El ritmo de sus corazones latía al unísono con la cadencia de sus monturas; llevar la preciosa carga hasta el Banco Minero de Chihuahua era lo único que les causaba premura.

A Batopilas hay que ir con tiempo; tiempo para disfrutar las cosas más simples y a la vez más exquisitas de esta vida. En los patios de las antiguas casas crecen árboles de mango, naranja, papaya, naranjitas, guayaba y aguacate. A la lista de imperdibles hay que agregar las visitas a la Misión del Santo Ángel Custodio de Satevó, el antiguo acueducto, la ex hacienda de Shepherd y el Museo Entrañas de Plata. Si hay oportunidad, también hay que presenciar cómo se beneficiaban los minerales en los siglos pasados y visitar una vinata donde se produce el sotol.

En invierno es muy probable que haya nevadas; en verano, las cascadas ofrecen un espectáculo excepcional al aumentar su caudal. Durante la primavera, los tonos cobrizos resaltan los verdes tiernos de los brotes de los árboles caducifolios, y en el verano, con las lluvias, los valles se llenan de colores al florecer los campos.

Batopilas

fue fundado por José de la Cruz, un explorador español, al descubrirse una rica mina de plata en 1708.

Creel: en el corazón de la Sierra Tarahumara

Creel es considerada la puerta de entrada a la zona de las Barrancas del Cobre. Asentado en un hermoso valle, está rodeado de bosque de pinos, abetos, encinos y caprichosas formaciones rocosas.

Las cascadas más altas de México están en el Parque Nacional Cascada de Basaseachi, a tan sólo una hora y media de Creel. Hay infinidad de opciones de recorridos de medio día visitando el ejido rarámuri de San Ignacio Arareko, con su rústica iglesia misional y el lago. Eso sí, a la hora de adquirir artesanía, lo mejor es comprarla directamente de los artesanos, pues así se incentiva el comercio local y uno puede conocer a los autores de maravillosas piezas.

Como todo pueblo que se precie de honrar la memoria de sus antepasados, Creel cuenta con un museo dedicado a la milenaria cultura rarámuri. La calle principal está llena de tiendas de artesanías y recuerdos, cafés y agencias donde se ofrecen paseos a los alrededores.

En cualquier temporada del año, las actividades al aire libre oxigenan el organismo al grado que el viajero se siente fortalecido. En invierno es muy probable que haya nevadas; en verano, las cascadas  ofrecen un espectáculo excepcional al aumentar su caudal. Durante la primavera, los tonos cobrizos resaltan los verdes tiernos de los brotes de los árboles caducifolios, y en el verano, con las lluvias, los valles se llenan de colores al florecer los campos. La luz, durante el otoño, invita a la reflexión de un cierre más del ciclo de la vida.

Misión del Santo Ángel

Custodio de Satevó en Batopilas. Para mayor información:

coppercanyonlodges.com

hotelbarrancasdelcobre.com

A Creel se puede llegar también vía el Ferrocarril Chihuahua al Pacífico, responsable principal de que el pueblo cambiara su vocación de centro maderero a centro comercial y turístico. En la antigua estación del ferrocarril, el estado estableció el museo dedicado a los rarámuris, habitantes originales de estas tierras. También hay que visitar la Misión de San Ignacio y el lago de Arareko; los valles de las Ranas, de los Monjes y de los Hongos, así como la cascada y el pueblo de Cusárare, donde sobresalen su iglesia y el magnífico Museo de Arte Sacro, el Parque Nacional Cascada de Basaseachi, Divisadero y el Parque de Aventuras Barrancas del Cobre.
Al Parque de Aventuras hay que dedicarle al menos medio día, aunque los que gustan de las emociones fuertes pueden tener hasta un día y medio de actividades. Hay un circuito de siete tirolesas que recorren 4.5 kilómetros, además de la segunda más larga del mundo, con un solo salto de 2,538 metros de longitud y más de 400 metros de altura. Está también la Vía Ferrata, que ofrece rappel, escalada en roca y salto de Tarzán. Y no puede faltar el tercer teleférico más largo del mundo, sin torres intermedias, con tres kilómetros de cable, ideal para todas las edades.
Ya sea que vueles a la ciudad de Chihuahua o a Ciudad Juárez, los operadores locales pueden organizar fácilmente un viaje a la medida, sólo hay que dejarse consentir con sus excelentes servicios y la legendaria hospitalidad del chihuahuense.

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