Esta ruta alternativa propone un acercamiento distinto al Caribe mexicano y la cosmovisión maya, uno que privilegia el territorio, la naturaleza y las comunidades.
El Caribe mexicano reúne algunos de los destinos de playa más famosos no solo de México, sino del mundo; cuando se trata de consentir caprichos de sol, arena y mar, la costa norte de Quintana Roo se las sabe todas. Sin embargo, cuando el interés gira en torno a la cultura y la conservación ambiental, el panorama cambia.
A cambio de rentar un coche y alejarse de los circuitos más turísticos, esta ruta por el territorio maya ofrece oportunidades para aprender tradiciones centenarias, escuchar los sonidos de la selva y adentrarse en cuevas no aptas para temerosos.
Con los aeropuertos de Tulum y Chetumal como puntos de partida, este recorrido por el interior de Quintana Roo te permite el acceso a reservas de la biosfera, proyectos comunitarios y tesoros naturales que pocos viajeros conocen. El recorrido inicia en las lagunas y manglares de Sian Ka’an, continúa por las iniciativas de turismo comunitario del municipio de Felipe Carrillo Puerto y termina en una bifurcación que conduce a las reservas Calakmul y Banco Chinchorro.
Sian Ka’an es una reserva de la biosfera ubicada a menos de 30 kilómetros del aeropuerto de Tulum. Esta área natural protegida alberga manglares, playas y lagunas tanto salobres como dulces. Crédito: Shutterstock.
Sian Ka’an es una reserva de la biosfera ubicada a menos de 30 kilómetros del aeropuerto de Tulum. Declarada Patrimonio de la Humanidad y sitio Ramsar, esta área natural protegida alberga manglares, playas y lagunas tanto salobres como dulces.
Este sistema fluvial funcionó como un puesto de aduanas para las poblaciones mayas de la antigüedad. Hoy, las ruinas de esas estructuras atestiguan el paso de embarcaciones que navegan en busca de manatíes, tortugas y aves como garzas, pelícanos y espátulas rosadas.
La combinación de historia y exuberancia natural hace de Sian Ka’an uno de los atractivos principales de la región. A las experiencias contemplativas se suman otras más activas, como flotar en canales de agua cristalina y corriente lenta.
Calakmul resguarda selva primaria, más de cien estelas con inscripciones mayas y una de las poblaciones de jaguar más importantes del país. Crédito: Shutterstock.
Cien kilómetros separan a Sian Ka’an de Tihosuco, una localidad tierra adentro, muy cerca de la frontera con Yucatán. Este lugar no es un Pueblo Mágico y su importancia no está en las fachadas coloridas, sino en su memoria. Aquí se gestó la Guerra de Castas, uno de los levantamientos indígenas más prolongados de América. Caminar por las calles de Tihosuco recuerda que la resistencia maya no terminó con la Conquista. El museo local y la iglesia inconclusa son testigos de una lucha que sigue definiendo identidades.
Más que un sitio que entra por los ojos, Tihosuco entra por los oídos. La cooperativa U Belilek, miembro de la red de turismo comunitario Caminos Sagrados, organiza recorridos guiados que devuelven la voz a quienes, durante siglos, fueron narrados por otros. Si quieres conocer esta historia y complementarla con una muestra cultural de música o danzas ancestrales, contacta a la cooperativa a través de su Facebook @u.belilek.
En la ruta que conecta Sian Ka’an y Calakmul se encuentran proyectos comunitarios y tesoros naturales que se pueden conocer gracias a la red Caminos Sagrados. Crédito: Shutterstock.
Ubicada a 58 kilómetros al suroeste de Tihosuco, al borde de la frontera con Yucatán, Kantemó es una aldea que suele pasar desapercibida. Bajo tierra, sin embargo, ofrece un espectáculo natural como no hay dos.
Al caer la tarde, miles de murciélagos emergen de la cueva de Kantemó mientras las culebras se posicionan estratégicamente para cazarlos. La escena, tan cruda como hipnótica, se puede presenciar en vivo y a todo color. ¿Qué hace falta? Andar en bicicleta a oscuras, poner a prueba habilidades de espeleología y, sobre todo, mantener la calma entre hordas de murciélagos y serpientes ratoneras manchadas. Por las dudas, conviene aclarar que las culebras no son venenosas. Y también, que esta experiencia no es para cualquiera. Para obtener más información o reservar esta experiencia verdaderamente extrema, ve al sitio: viajaturismocomunitario.com/beej-kaax-ha-kantemo.
La laguna y los cenotes de Síijil Noh Há, la de cueva de Kantemó, la cocina de Selva Bonita, la historia de Tihosuco y las reservas de Sian Ka’an y Calakmul son algunos de los tesoros de esta ruta maya en Quintana Roo. Crédito: Cortesía Marck Guttman.
Selva Bonita se encuentra a 59 kilómetros al sur de Kantemó, cerca de la comunidad de Chunhuhub. Kíichpam K’áax, como se llama este proyecto en lengua maya, parte de una idea simple: la comida como punto de encuentro. El proyecto entrelaza cocina tradicional, educación ambiental y el vínculo profundo entre ambas.
Entre árboles de chicle, plantas medicinales y uno que otro armadillo, el centro ecoturístico de Selva Bonita comparte con los viajeros técnicas de cultivo, recolección y cocina maya. Cada experiencia culinaria es también una conversación sobre biodiversidad y soberanía alimentaria. Aquí la gastronomía maya es una expresión viva y conectada con los retos del presente. Si te gusta dormir en la selva, este proyecto también cuenta con opciones de hospedaje.
El emprendimiento comunitario Síijil Noh Há, en Felipe Carrillo Puerto, cuenta con laguna, torre de observación de aves, renta de kayaks, senderos en la selva, cabañas y un comedor tradicional.
Crédito: Cortesía Marck Guttman.
El siguiente punto de este recorrido por la selva de Quintana Roo es Síijil Noh Há, un emprendimiento comunitario cerca de la ciudad de Felipe Carrillo Puerto. A diferencia de los cenotes más conocidos, los de este lugar se encuentran selva adentro y mantienen un perfil discreto.
Síijil Noh Há, proyecto que también forma parte de la red Caminos Sagrados, apuesta por un turismo de bajo impacto con accesos controlados y énfasis en educación ambiental. Con una laguna como protagonista, este centro ecoturístico cuenta con una torre de observación de aves, renta de kayaks y senderos para adentrarse en la selva. El lugar, que en lengua maya significa “donde nace la gran agua”, se acompaña con cabañas rústicas y un comedor que sirve platillos de la cocina local.
FB: @SiijilNohHa
Sian Ka’an, a menos de 30 kilómetros del aeropuerto de Tulum, resguarda manglares y lagunas de aguas cristalinas en una de las reservas más valiosas del Caribe mexicano. Crédito: Shutterstock.
Bacalar se encuentra 108 kilómetros al sur de Síijil Noh Há, sobre la carretera federal 307 que conecta Cancún con Chetumal. La fama de este Pueblo Mágico tiene que ver con su fortaleza del siglo XVIII y los siete colores de su laguna, pero su importancia va mucho más allá.
La laguna de Bacalar alberga estromatolitos, organismos con pinta de piedra que representan una de las expresiones más antiguas de vida en el planeta. La fragilidad de estas estructuras, formadas por cianobacterias, ha impulsado regulaciones orientadas a proteger el ecosistema. ¿El resultado? Un destino que, presionado por un crecimiento acelerado, comienza a poner límites. Un día a la semana sin navegación, restricciones de velocidad y zonificación de áreas son algunas de las iniciativas que buscan mantener a Bacalar como un paraíso.
Calakmul, en Campeche, resguarda selva primaria y uno de los conjuntos arqueológicos más imponentes del mundo maya. Crédito: Shutterstock.
A partir de Bacalar, el viaje obliga a elegir un rumbo. El camino hacia el oeste, tierra adentro, conduce a la reserva de la biosfera Calakmul. Presente en el reverso del billete de mil pesos, esta área protegida en el estado de Campeche resguarda selva primaria, más de cien estelas con inscripciones mayas y una de las poblaciones de jaguar más importantes del país.
La ruta hacia el este, en dirección al mar, conduce a un par de santuarios marinos: la reserva de la biosfera Banco Chinchorro y el parque nacional Arrecifes de Xcalak. Aquí, en el punto más austral de la costa atlántica mexicana, es posible bucear entre corales o cocodrilos americanos. En ambos casos, el aeropuerto de Chetumal funciona como base. Con tiempo, no hace falta elegir entre mar y selva.
Las pirámides de Calakmul emergen sobre un océano de selva: uno de los sitios mayas más impresionantes y remotos del sureste mexicano. Crédito: Shutterstock.
Este viaje es una forma distinta de vivir estos días de Semana Santa, lejos de los circuitos saturados, pero cerca de la selva y el mar Caribe. Vuela a Chetumal o a Tulum y emprende este recorrido para conocer a las comunidades que cuidan este paraíso.
Encuentra más inspiración en viajaturismocomunitario.com o en el Facebook @CaminoSagradosOficial.
Entre pasarelas y tonos imposibles de azul, la laguna de Bacalar recuerda que este viaje también se vive al ritmo del agua y el cuidado del territorio. Crédito: Shutterstock.