Playas kilométricas, reservas ecológicas y hoteles de ensueño hacen de la costa de Jalisco un cofre de sorpresas. Llena de vida, la bahía de Chamela es una de ellas.
Cuando se habla de playas jaliscienses, la atención la acapara Puerto Vallarta, y es comprensible. No cuesta trabajo caer rendido ante los encantos de esta ciudad, pero la franja costera de Jalisco, que rebasa los 350 kilómetros, resguarda mucho más.
Hacia el sur de Puerto Vallarta, en la región conocida como Costalegre, el paisaje se transforma. Los hoteles masivos y los malecones tapizados de bares ceden terreno a pueblitos pesqueros, áreas naturales protegidas y proyectos que apuestan por la arquitectura horizontal. Uno de estos sitios, camuflado entre el azul intenso del océano y el verdor caprichoso del bosque seco tropical, es Chamela.
El club de playa de Las Rosadas, abierto al público, cuenta con un bar, alberca, cocina con horno de leña, palapas, kayaks y tablas para explorar la bahía. Crédito: Cortesía Marck Guttman.
Ubicada 160 kilómetros al sur del aeropuerto de Puerto Vallarta, la bahía de Chamela es uno de los secretos mejor guardados del Pacífico central mexicano. Este rincón de Jalisco coquetea con observadores de aves, amantes de la pesca, yoguis que quieren acompañar su práctica con brisa marina y todos aquellos que quieren una playa donde el vaivén de las olas no compita con la música a todo volumen.
A tan solo un par de horas en carro desde Puerto Vallarta, la bahía de Chamela sorprende a los viajeros con atardeceres para el recuerdo, cocina del mar a la mesa y naturaleza virgen. De la mano con Las Rosadas, un conjunto de villas de ensueño acompañadas con club de playa, este paraíso jalisciense prueba que los placeres simples suelen ser también los más entrañables.
En el paraíso discreto de Chamela, el desarrollo de Las Rosadas combina ubicación privilegiada, calidez y lujo costero y una visión sostenible que integra a la comunidad.
Crédito: Cortesía Marck Guttman.
La región bautizada como Costalegre comprende la mayor parte de la franja costera de Jalisco. En pocas palabras: cualquier playa del estado, a excepción de Puerto Vallarta, forma parte de este macrodestino. En conjunto, Costalegre es famosa por su enorme riqueza natural y por el surgimiento de desarrollos descaradamente lujosos que, paradójicamente, ceden protagonismo al entorno.
Las villas de Las Rosadas, construidas con roca de la región y decoradas con arte mexicano, conviven con bosques protegidos y playas vírgenes. Crédito: Cortesía Marck Guttman.
La bahía de Chamela es uno de los puntos clave de la región y, sin duda, uno que materializa de forma ejemplar el equilibrio entre naturaleza y hotelería de lujo. Mientras que vecinos como Careyes llaman la atención gracias a la arquitectura indiscreta de sus casas vacacionales, Chamela deja que la biodiversidad haga de las suyas. Después de todo, este sitio presume más de un título relevante en materia de conservación.
El territorio que abraza la bahía forma parte de las más de 13,000 hectáreas que constituyen la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala. Decretada en la década de 1990, el área natural protegida forma parte del Programa sobre el Hombre y la Biosfera de la UNESCO (unesco.org/es/mab). Este modelo ambiental, a diferencia de los más puristas, apuesta por la integración de las comunidades locales en los esfuerzos de conservación.
Costalegre es famosa por su riqueza natural, con más de 13,000 hectáreas que constituyen la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala, en cuyos humedales habitan especies tan variadas como bobos patas azules y murciélagos cardoneros. Crédito: Shutterstock.
La reserva también está catalogada como sitio Ramsar. El título, otorgado a humedales de importancia internacional, vela por la conservación de manglares y esteros que cobijan mamíferos endémicos, aves migratorias y especies amenazadas. Las playas, desembocaduras de ríos y lagunas que integran el sitio Ramsar son vitales tanto para subespecies de charranes chicos como para cocodrilos americanos y tortugas marinas carey, golfina y prieta.
Al bosque seco tropical y los humedales se suma un santuario insular, el primero de su tipo en México. La bahía de Chamela resguarda más de una docena de islas e islotes que, desde el 2002, también están protegidos. Así como el terreno continental es hogar de pumas y zorrillos miniatura y los humedales lo son de martines pescadores y espátulas rosadas, el ecosistema insular es hogar de especies tan variadas como bobos patas azules y murciélagos cardoneros.
La conservación de especies constituye uno de los principales atractivos del destino. Si bien hace falta muchísima suerte para ver un jaguar en las lomas de Chamela, no hacen falta milagros para ver aves y mamíferos marinos. Incluso sin buscarlas, especies endémicas como el carpintero cariamarillo y la chara de San Blas se dejan ver. Entre diciembre y marzo, a veces desde tierra firme, son comunes los atisbos de ballenas grises y jorobadas.
Chamela coquetea con observadores de aves, pescadores, yoguis que aman la brisa y playas donde el sonido de las olas no compite con la música. Crédito: Shutterstock.
Los bosques, las islas y los ríos protegidos de la bahía de Chamela son los que hacen de este destino un lugar verdaderamente especial, pero no son su único atractivo. A menudo funcionan como la cereza del pastel. Los viajeros llegan a Chamela en busca de una playa donde reina el paisaje sonoro orgánico y un mar relativamente tranquilo, de temperatura templada. ¡Y vaya que lo encuentran!
Para los tapatíos, Chamela siempre ha sido un paraíso discreto: algo así como un secreto que solo se comparte con quien más se quiere. En años recientes, las cosas han cambiado. Si bien la panorámica de la bahía sigue siendo tan irresistible como siempre, la oferta hotelera se ha diversificado. A los alojamientos modestos del pueblo de Pérula y a la opción aventurera de acampar se han sumado proyectos memorables.
En Chamela, el sonido de las olas y la amplitud del horizonte sustituyen cualquier distracción, confirmando que aquí la naturaleza marca el ritmo. Crédito: Shutterstock.
El mercado de lujo, que en su momento monopolizó el hotel donde Sofia Coppola filmó On the Rocks, ha crecido. Hoy, Las Alamandas comparte protagonismo con Las Rosadas, un desarrollo costero en el que villas de revista y cocinas a pie de playa conviven con bosques protegidos y playas vírgenes. Inaugurado en 2022, este proyecto combina ubicación privilegiada, lujo costero, visión sostenible y calidez al más puro estilo pata salada.
Construidas con roca de la región y decoradas con arte mexicano, las villas de Las Rosadas mezclan lo mejor de dos mundos. Por un lado, casas con espacios funcionales, energía solar y cocinas equipadas que invitan a ser habitadas. Por el otro, servicios de un hotel cinco estrellas: concierge, masajes y ama de llaves. Las villas, con regaderas exteriores y albercas infinitas, se rentan completas. Es decir, las áreas comunes no se comparten con otros huéspedes.
Playas extensas, palmeras y un ritmo pausado definen el carácter de la bahía de Chamela, uno de los rincones más serenos de la costa de Jalisco. Crédito: Shutterstock.
A la lista de atractivos en Las Rosadas se suma un club de playa tapizado de cocoteros y hamacas. El espacio, abierto al público general, está acompañado de bar, alberca y palapas. Al mando de Gloria, la cocina con horno de leña también se abre paso en la playa. Devota de ingredientes locales como la langosta, la oferta culinaria ofrece tanto comidas tradicionales como picnics itinerantes iluminados por fogatas y estrellas.
En la costa de Jalisco, la arquitectura acompaña el entorno y refuerza la idea de un paraíso discreto.
Crédito: Shutterstock.
El club de playa de Las Rosadas cuenta con kayaks y tablas para explorar la bahía. Sin necesidad de planificación, los viajeros pueden caminar por la playa y recorrer la reserva a bordo de un carrito de golf. Otras actividades disponibles, ofrecidas por compañías terciarias, son buceo y paseos en bote para ver fauna marina. En plan terrenal, no está de más caminar por el embarcadero de Pérula o probar los ceviches y aguachiles del restaurante La Viuda.
En la costa de Jalisco, Chamela conserva un equilibrio excepcional entre océano, vegetación y conservación ambiental. Crédito: Shutterstock.
En Chamela, las temperaturas suelen ser similares todo el año, pero es un destino con temporadas marcadas. Durante las lluvias, de junio a septiembre, llega el verdor, renacen los ríos y abunda la humedad. La temporada de secas, de octubre a mayo, coincide con la temporada de ballenas y, al final del estiaje, los bosques serranos se pintan de tonos marrones. Eso sí, la bahía siempre es un paraíso.