Texto: Carlos Jurado
Fotos: Keren Sanjuan
Puerto Escondido y Huatulco son dos destinos unidos por un mismo litoral. Entre ellos hay 100 kilómetros y un sinfín de motivos para detenerse en varias partes del camino. Solo hay que decidir a dónde volar primero.
Oaxaca es ese sueño del que nadie desea despertar. Diestras manos preparan en fogones manjares que enamoran, moldean barro de tono nocturno y transforman hilos en aves y flores sobre tela. Inspirados por la maestría de sus artesanos, trazamos un recorrido por los destinos paradisiacos que componen esa joya natural llamada costa oaxaqueña.
Algunos de los rincones imperdibles de esta región pueden conocerse en un road trip con planes para viajar en pareja, con amigos o en familia. Aunque el trayecto puede hacerse en una hora y media, lo mejor es regalarse varios días para detenerse en los puntos más lindos de este tramo de la carretera 200. Este itinerario comienza en Puerto Escondido y termina en Huatulco, pero también puedes hacerlo a la inversa, pues Viva te lleva a ambos destinos.
Puerto Escondido está de moda, quizá por ese aire desenfadado que se respira por doquier en este destino de playa. Aquí se vive sin pretensiones, salvo cuando hay que montar olas. Los surfistas, quienes han encontrado aquí su Meca, ofrecen diariamente un entretenido espectáculo apenas amanece.
Puerto Escondido tiene playas para todas las habilidades: Zicatela acoge a los expertos, Punta Zicatela a los aficionados y Carrizalillo a quienes recién comienzan a probar sus habilidades sobre la tabla. Si buscas un mar tranquilo en el que se pueda nadar sin preocupación, entonces hay que visitar Manzanillo y Puerto Angelito. Son dos calas a las que suelen acudir las familias para comer la pesca del día y nadar entre embarcaciones, y quizá hasta contratar un paseo a bordo de una.
Si viajas en familia, no dudes en lanzarte a la playa Bacocho, donde se tiene la oportunidad de liberar una tortuga recién nacida a la que se le ha dado un nombre y el deseo de una larga vida. O, a 20 minutos, en Barra de Colotepec también se pueden liberar ejemplares de golfina, carey, prieta o laúd.
A pocos minutos de Puerto Escondido se encuentra la laguna de Manialtepec, en donde se puede pasear por la noche para ver el fenómeno natural de bioluminiscencia. Crédito: Shutterstock.
Al caer la noche, la vida se vuelca al Adoquín, la célebre calle en la que se concentran los bares y restaurantes y abunda la venta de artesanías, o si estás en un plan con amigos, en los bares de Zicatela se brinda con mezcal.
Otra actividad nocturna ineludible en la zona de Puerto Escondido es navegar por la Laguna de Manialtepec, a 18 kilómetros del centro, para observar la bioluminiscencia en el agua, un asombroso fenómeno natural que ocurre gracias a la presencia de microorganismos que tienen la capacidad de emitir luz al contacto. En las inmediaciones de la laguna encontrarás las embarcaciones locales que te ofrecen este paseo náutico sobre las estrellas.
Puerto Escondido alberga verdaderas joyas en hospedaje; entre ellas están Casa To, un refugio minimalista ideal para parejas y amigos en La Punta Zicatela; Escondido, un hotel boutique que celebra la cultura local con un toque modernista; Kymaia, un santuario de bienestar con arquitectura orgánica y conexión con la naturaleza, y Casona Sforza, con su diseño arquitectónico único y elegante que se integra con el entorno. Cada uno ofrece una experiencia distinta, pero todos comparten la belleza y serenidad de la costa de Oaxaca.
Las playas de Huatulco no solo son hermosas, sino que algunas cuentan con certificados internacionales por su limpieza y conservación ambiental. Crédito: Shutterstock.
La aventura por la costa oaxaqueña sigue hacia Mazunte, San Agustinillo y Zipolite, tres destinos cercanos que irradian la vibrante energía de la región. Estos pueblos, con senderos de tierra y tienditas locales, también ofrecen refugios íntimos inmersos en la naturaleza. Además, sus restaurantes deleitan con frutos del mar, pizzas al horno de leña y creaciones de mixología.
Para hospedarte, en Mazunte encontrarás desde ecolodges rústicos hasta hoteles boutique con toque bohemio; San Agustinillo se distingue por sus pequeños hoteles de gestión familiar, cabañas pintorescas y villas con vistas al mar, y Zipolite presenta una variedad ecléctica que va desde hostales económicos hasta hoteles boutique con un toque más sofisticado. La mayoría de los alojamientos, donde la sencillez y la calidez son la norma, se encuentran a pocos pasos de la playa.
Zipolite, de espíritu libre y alternativo, es ideal para viajeros que buscan una experiencia sin restricciones: con apenas 1.5 kilómetros de extensión, es la única playa nudista de México y su vida nocturna es diversa, con bares y restaurantes que presentan música en vivo y un ambiente festivo. En El Alquimista, por ejemplo, se puede cenar a la luz de las velas sobre la arena y con vista a un mar de tono plateado cuando hay luna llena.
Casa To, en Punta Zicatela, es un oasis tropical donde brillan la arquitectura, la calma y la vanguardia gastronómica de su restaurante Glou Glou. Crédito: Cortesía Casa To/Nicole Arcuschin.
Cada atardecer en la costa oaxaqueña es una fiesta en sí misma, y la magia se intensifica en Punta Cometa, también conocida como Cerro Sagrado. Se trata de la punta rocosa más saliente de México en el Pacífico, lo que la convierte en un sitio con vistas espectaculares del océano y en donde los viajeros se congregan en la parte más alta para un ritual silencioso: observar cómo el sol desciende en el horizonte y agradecer cada día.
A medio camino entre Puerto Escondido y Mazunte se encuentra Kymaia; más que un hotel es un nuevo santuario de serenidad y relajación. Crédito: Cortesía Kymaia/Onnis Luque.
De camino hacia las bahías de Huatulco hay que detenerse en Estacahuite, una playa que solía ser un secreto del pueblo pesquero de Puerto Ángel. Aquí se puede saber lo que es tener un paraíso personal, especialmente entre semana, pues a esta playa de tono turquesa llegan solo los más curiosos para desconectarse del mundo. Por su parte, Puerto Ángel es conocido por sus calles empedradas, sus casas de colores, su faro y su ritmo de vida pausado.
Huatulco es famoso por sus bahías de playas tranquilas, específicamente nueve de ellas, que se pueden conocer gracias a un paseo en lancha. Este destino presume un total de 36 playas con una buena variedad de experiencias, desde la serenidad de las aguas cristalinas hasta la emoción de los deportes acuáticos. Desde la popular bahía de Tangolunda, con sus resorts de lujo y campos de golf, hasta la tranquila bahía de Conejos, ideal para nadar y relajarse.
La playa de La Entrega es famosa por su vida marina y sus aguas claras, perfectas para el esnórquel y el buceo. Por otro lado, las playas vírgenes de la bahía de Cacaluta, accesibles solo por barco o senderos, dan una experiencia más remota y natural.
La costa oaxaqueña se ha convertido en un escenario donde hoteles de diseño, como Casona Sforza, ofrecen grandes experiencias de hospitalidad. Crédito: Cortesía Casona Sforza/Anna Wolf.
Además de sus playas, Huatulco cuenta con una rica biodiversidad y una exuberante vegetación. El Parque Nacional Huatulco, una vasta área protegida, alberga aves, reptiles y mamíferos, así como una vegetación de selva cuyos tonos cambian radicalmente en las temporadas de lluvias y secas. Aquí, los visitantes pueden explorar senderos naturales y hacer kayak en los ríos y lagunas costeras. Las cascadas de Copalitilla, ubicadas en las montañas cercanas, son otro atractivo natural que vale la pena visitar.
El centro de Huatulco también merece un paseo por la tarde para conocer el templo de Nuestra Señora de Guadalupe y de la Santa Cruz, que tiene la pintura de la Virgen de Guadalupe más grande del mundo; beber un café proveniente de la serranía de la región en Casa Mayor o en Café Bar Xipol, andar en un tranvía de doble piso o deleitarse con una nieve artesanal de chocolate oaxaqueño en el jardín principal.
Oaxaca no solo deslumbra con su cultura, también cautiva con costas. Muchos tesoros naturales invitan a desconectarse y vivir la magia del sur de México.
Es muy importante resaltar que Huatulco presume desde 2005 una certificación EarthCheck, que poquísimos lugares alrededor del mundo tienen. Esta distinción internacional es la más importante en actividades sostenibles en ciencia, viajes y turismo. Desde 2020 es el primero en el mundo con el grado más alto, EarthCheck Master.
Todos aquí viven comprometidos en mejorar su calidad de vida, al mismo tiempo que ofrecen las mejores experiencias a los recién llegados, siempre bajo la premisa de conservar y preservar los recursos naturales. A esto se suma la certificación Blue Flag, otro distintivo internacional que avala un manejo ambiental responsable, el cual ostentan la playa Chahué y la playa Tangolunda.
Disfrutar el auténtico sabor de Oaxaca con un mezcal tradicional. Con su característico toque ahumado, esta bebida artesanal captura la esencia de la tierra y las tradiciones oaxaqueñas.
Si estás planeando un viaje a la playa este verano, seguramente encontrarás algo para ti en los 100 kilómetros de litoral entre Puerto Escondido y Huatulco, dos destinos a los que puedes volar con Viva.