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Crédito: Cortesía Malix. 

el buen diente

Malix, sabores mestizos

Por Elizabeth del Pino

Este restaurante de la Ciudad de México es un rincón discreto y sofisticado que a la vez ofrece una experiencia cercana, sustentable y más allá de lo convencional.

En el centro de Polanco se encuentra el laboratorio culinario de Alonso Madrigal: Malix, un espacio donde el chef ha tejido sus experiencias de vida y su bagaje culinario en cada plato del menú.

La esencia

Malix es una palabra maya que quiere decir “sin raza” y que refleja todo el concepto del restaurante: la cocina es dinámica, diversa y se fusiona con otras cocinas del mundo. El chef Alonso Madrigal no le tiene miedo a las mezclas, a los encuentros, a las sorpresas.

Otro elemento que hace único a Malix es su enfoque en la calidad de los ingredientes, ya que utiliza solamente insumos de temporada y, en su mayoría, de ranchos próximos a la ciudad. El menú pequeño y cambiante es una muestra de su apuesta por la cooperación con excelentes productores locales.

La hermosa barra de Malix es la bienvenida a una experiencia donde su dinámica cocina combina los mejores ingredientes locales con técnicas de todo el mundo. Crédito: Cortesía Malix. 

Un viaje en cada bocado

Cada plato es un experimento cuidadosamente elaborado, alejado de lo fastuoso, pero que revela las mil posibilidades de un ingrediente, por ejemplo, de una lechuga que al ser pasada por el fuego genera una explosión de sabores y texturas en el paladar. La comida se reinventa y te transporta de un fogón mexicano —amante de lo tatemado— a un risotto de textura perfecta o a las profundidades del Pacífico californiano.

En medio del ruido y los sitios pretenciosos de Polanco, Malix surge como un espacio cuidadoso, ideal para los que buscan una cocina propositiva, con una excelente cava y mixología natural. Un espacio casual con un innovador toque contemporáneo.

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